12 abr. 2014

Mi señorita Belén

¿Qué decir de esa gran persona? Solo tengo palabras buenas y de agradecimiento hacia ella.

Era una persona excepcional, de esas que dudas encontrar alguna vez en la vida, un ángel caído del cielo. Sus alumnos éramos como sus niños, cuando era dura siempre acababa sacando una sonrisa.

Era la persona con más devoción por la enseñanza que he conocido durante toda mi vida de estudiante.
Tenía una manera de enseñar tan delicada, tan organizada y meditada que aprendías casi jugando, sin darte cuenta. Mejoramos la lectura con fichas que tenían diferentes dibujos -¿acaso hace falta más?- jugábamos y aprendíamos, aprendíamos y jugábamos, pero, sobre todo, aprendíamos de ella, de su forma de ser, de su paz, su tranquilidad, su paciencia y su forma de ser. Era alguien especial, mi modelo de profesora siempre será ella.

Gracias por haberte cruzado en mi camino –o yo en el tuyo- Jamás podrán olvidarte aquellos que te han tenido como tutora en el primer ciclo de Primaria. Gracias por enseñarnos tanto, gracias por ser un modelo para nosotros incluso después de 16 años.

Una enfermedad acabó contigo, pero ¿acaso una enfermedad puede llevarse tantos recuerdos y tanto como hemos aprendido de ti? No, jamás se llevará tu esencia mientras nosotros te recordemos y sigamos teniéndote muy dentro de nosotros.

Ojalá, algún día llegue a ser como tú, no solo como docente, si no como persona.

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