23 jun. 2014

Que las palabras surjan como el viento...

Echo de menos ponerme delante del ordenador a escribir trabajos y más trabajos (Sí, ¿quién me lo iba a decir?).

El caso es que me ha entrado el gusanillo por esto de escribir y a lo mejor me animo a escribir algún cuento, un relato breve o hasta una novela (cosa que me parece un gran reto).

Es duro enfrentarte a una página en blanco que tú misma tienes que ir rellenando de fantasía, ideas o pensamientos. Unas de mis carencias más significativas es la creatividad, pero cuando me pongo a escribir algo fluye dentro de mí -no tan seguidamente como a mí me gustaría- y siento la necesidad de enfrentarme a eso, a una tabula rasa en la que pueda escribir aquellas fantasías nunca antes imaginadas o simplemente quejarme.

Escribir siempre ha sido algo que me ha dado tranquilidad y paz interior. Cuando los demás se quejan porque tienen que hacer muchos trabajos yo, en el fondo, me siento bien porque volveré a dar lo mejor de mí misma, ya que escribir se me da inmensamente mejor que hablar, y aunque no encuentre las palabras apropiadas, cuando empiezo a escribir las demás palabras fluyen inesperadamente, se agolpan unas detrás de otra sin que haya manera de pararlas.

Después de leer todo lo que he escrito me doy cuenta de que mi blog es más como un diario personal, pero si no pongo mis reflexiones... ¿qué puedo escribir en mi blog? En definitiva, espero tener el valor y las ganas suficientes para sentarme a escribir una historia que seguramente será equiparable solo al libro de Belén Esteban, pero si no me enfrento a ello nunca seré capaz de saber hasta dónde podría haber llegado, si habría resultado bien ni habría experimentado esa sensación.


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