12 oct. 2014

No hay nada mejor que ver llover desde tu cama

Cada vez llega más tarde la lluvia, y cada vez la echo más de menos en Septiembre. Recuerdo ese olor a tierra mojada que hacía que recordara que pronto vendrían las clases, que ya no quedaba nada para volver al cole. Pero, últimamente llueve más tarde, y tarda más en llegar ese olorcillo, que ya no se corresponde con el comienzo del curso, ya no es como antes, y hace que eche mucho más de menos mi infancia, aquellos días en los que nos quedábamos mirando la ventana para ver qué gota ganaba la carrera, porque aunque siempre pareciera que una llevaba ventaja había otra que corría mucho más y la destronaba, ganando la carrera y dejándola en segunda posición.
Pero hay algo que siempre seguirá ahí, las ganas de estar en casita cuando llueve y mirar las gotas por la ventana, escuchar el ruido que hacen en el tejado cada una de las gotas que caen y, si vienen acompañadas de tormenta, mejor que mejor. 

Recuerdo cuando se iba la luz y me ponía a saltar de alegría porque podía encender las velas por fin, y quedarnos alrededor de ella todo el día hasta que volvía la luz. Nos echábamos cera en las manos y empezábamos a hacer el tonto. No hay mayor paz que esa, estar en familia, tranquilos en casa disfrutando de la lluvia.

También porque esos días que había mucha lluvia no íbamos al colegio y no había nada mejor que ver por la mañana temprano a mi madre subir por las escaleras con una vela diciendo que ese día no iríamos al colegio.

Porque la lluvia es una de las cosas que más me gustan en el mundo. Estar en casita con la manta y un buen colacao. Y solo puedo pensar una cosa: Se acerca el invierno.

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