21 feb. 2015

Volviendo a vivir una experiencia inolvidable

El día 9 de febrero volví al colegio para realizar el Prácticum II. No sabéis las ganas que tenía de volver a ver a esos pequeños, disfrutar con ellos, escuchar sus historias disparatadas y aprender más de ellos que ellos de mí.

Porque ellos te enseñan a ver el mundo de otra manera, porque te das cuenta de que las cosas que ahora te preocupan en realidad no tienen tanta importancia y que son las cosas pequeñas las que conforman tu día a día y, por tanto, tu vida entera. Ellos son los verdaderos docentes, aquellos que te muestran desde la universidad que todo es idílico, fácil, que todo se debe basar en el aprendizaje significativo, que haciendo debates y tres o cuatro tonterías más todo está solucionado. Cuando llegas al colegio a una clase con 21 niños te das cuenta de que no todo es color de rosa, que existen muchísimos problemas con los que tienes que luchar día a día, no por ti, sino por esos pequeños que tienen que sacar lo mejor de ellos mismos y del ambiente que les rodea.

Pues no, queridos profesores de la UMA, existen multitud de problemas dentro del colegio y aunque algunos se empeñen en decir que a los niños no puedes cambiarles de familia, que es la que tienen y demás a veces te entran ganas de adoptar a uno o dos de esos niños por la situación tan desastrosa en la que viven y que te parte el corazón. Cada día escuchas algo nuevo, aprendes más cosas del ambiente familiar en el que se desarrollan esos niños y tienes que seguir para adelante, ofrecerles las mejores oportunidades para que en el colegio sean felices, para que aprendan y mejoren tanto educativa como personalmente. 

He escuchado casos horribles que atañen a esas personitas pequeñitas a las que tanto cariño he cogido y que necesitan mucha atención, cariño y cuidados porque en la mayoría de los casos están desatendidos y eso te hace cuestionarte taantas cosas que hace que saques lo mejor de ti mismo, que les ofrezcas siempre que puedas todo lo mejor, porque no solo somos maestros, somos personas comprometidas con la sociedad, siempre buscando lo mejor para quienes están con nosotros y, sobre todo, para nuestros pequeños, que aunque no sean hijos nuestros es como si los fuesen.

A veces siento un poco de envidia sana cuando escucho casos de compañeros que están haciendo las prácticas en otros colegios en los que los niños no tienen ningún tipo de problema grave ni familiar ni de aprendizaje y tú piensas ¡Qué alegría! Pero también miro la otra parte, no es oro todo lo que reluce. Y es que estoy aprendiendo tantas cosas, que ni las podría imaginar en un principio, ellos son quienes me enseñan día a día no solo a ser mejor profesora, sino mejor persona. Y todo esto que estoy aprendiendo, probablemente no lo están aprendiendo quienes están en un contexto social más rico.

Pues han sido dos semanas geniales, y aún me quedan otras dos por disfrutar. Este año he podido ir de excursión al Museo del Patrimonio Municipal de Málaga y he hecho de agente de tráfico parando los coches para que los niños y niñas pudieran cruzar.

También hemos celebrado Carnaval, preparando los disfraces que al final acabaron por los suelos, pero con los que los niños se lo pasaron genial y no hay nada más satisfactorio que ver que tu trabajo ha servido para que los niños tengan una sonrisa enorme en sus caras. Una niña llegó a decirnos: Seño, es el día más feliz de mi vida. Y no hay dinero ni bien material que te de más que esa frase.

Porque ellos no quieren bienes materiales, solo necesitan cariño, atención, comprensión y tiempo, solo tiempo para ellos para que sus padres estén junto a ellos ayudándoles a hacer los deberes, a desarrollarse, a jugar, a vivir.

Habría podido disfrutar también del Día de Andalucía si no fuera por mi repentina mudez, pero al saber que es como cuando yo era pequeña, que disfrutaron de un desayuno andaluz seguro que se lo han pasado genial comiendo pan con zurrapa y aceite. Ese era un día muy especial para mí cuando era pequeña y seguro que para ellos también. Recuerdo cuando bajábamos en fila todos al comedor para comer juntos y nos poníamos bien las botas. 

Pero antes era otra historia, antes los padres estaban más comprometidos con el colegio, las relaciones eran diferentes y era fundamental que se trabajara conjuntamente, al menos es lo que yo he vivido con mi propia familia. Mi madre siempre estaba ahí para todo lo que se necesitara, nos ayudaba a preparar las funciones, iba a las celebraciones de fin de curso, echaba una mano cuando se necesitaba celebrar algo, etcétera, etcétera. Porque la relación entre el centro y la familia es fundamental para que los niños se desarrollen plenamente y disfruten tanto en el colegio como en casa. Sino solo estamos remando contracorriente.

Solo quiero agradecer a todos esos pequeños por hacerme tan feliz con sus "Seño", sus frases disparatadas que te hacen reír como nunca antes lo habías hecho, porque te das cuenta de que eres necesaria para algo, sobre todo cuando estás ayudando a uno y aparecen tres o cuatro a tu alrededor llamándote, tirándote de la manga... diciendo seño, ayúdame a mí, o cuando te abrazan sin venir a cuento o se acercan apoyándose en ti y entonces te das cuenta de que a veces son tan trastos y tan trabajosos porque solo necesitan atención y cariño, solo necesitan un abrazo y que les prestes atención cuando lo necesitan, porque se echan a llorar sin venir a cuento y solo quieren que les escuches, que sepas qué les pasa y cuando lo haces e intentas solucionar el problema se acabaron los llantos.

Los niños son la fuerza que mueve el mundo, y tenemos que protegerlos y ayudarlos a avanzar.

"Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres." - Pitágoras.

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