13 jul. 2016

Reflexiones de mediodía

Esta vez no os traigo ningún material, puede que mañana tenga alguno nuevo listo para poder enseñaros, pero por ahora quiero compartir con vosotros algunas reflexiones sobre ser maestro/a de Educación Infantil o Primaria.


Ser maestro no es un camino de rosas como muchos pensáis, y aún tengo que ahondar muchísimo más en el sistema educativo para darme cuenta de cómo son las cosas en realidad ya que yo no soy maestra como tal: no he hecho oposiciones aún, no he sido interina, no he conseguido la plaza -oh con dieu- y, por lo tanto, no me han ninguneado desde el Gobierno de España.

Cobran un salario que deja muchísimo que desear aunque muchos de vosotros/as penséis: Joder. Tienen 3 meses de vacaciones, solo trabajan 5 horas al día, viven a cuerpo de rey. 

Antes, yo también pensaba en todas esas ventajas como totalmente verdaderas e irrefutables -bajo mi estúpido punto de vista previo- pero luego te das cuenta de que no es así. Que llevar una clase con 25 niños/as todos diferentes, cada uno de su padre y de su madre, adelante no es una tarea ni mucho menos fácil.

Cuando estuve en las prácticas en mi cole -cole que estaba en una situación delicada debido a los conflictos como ya os comenté una vez- me di cuenta de que es muy difícil llevar a cabo tu trabajo de una manera satisfactoria. Y fui consciente de que ese trabajo no está pagado ni con todo el oro del mundo. Los niños/as son un cielo, y te dan todo el cariño habido y por haber, pero la situación era muy desagradable. Desde el colegio lo hicieron bastante mal ya que yo no podía quedarme en clase sola con los niños/as, así que imaginaos lo que fue tener que quedarme con ellos más de una semana, lo que corresponde a 5 días, 5 horas al día: Un total de 25 horas con los niños/as que estaban completamente fuera de sí porque no estaba su profesora, porque a mí no me veían como una autoridad y porque no había nadie que me echara un cable.

Y también fui consciente que cuando trabajas en un cole "buenecito" las cosas vienen rodadas. Todo fluye, todo llega... En cambio cuando estás en un contexto como este te sientes frustrada, estresada y muy, muy infravalorada. 

Y no son los profesores del Lycée Français de Málaga los que se merecen los mejores regalos por su labor educativa, sino los profes de colegios como en el que estuve, son los que se merecen lo mejor del mundo.

Supongo que mi situación era algo extraña, que no es lo que se suele dar en realidad, que debería haber estado más apoyada por el equipo docente y directivo... 

Pero esos profesores, día tras día, aguantando el chaparrón, dando lo mejor de sí mismos pese al cansancio, la frustración, las situaciones negativas... No sé cómo lo hacen, desde luego para mí son superhéroes.

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