18 nov. 2016

La motivación en la escuela

Hola amores. Hoy toca post sobre educación, que ya iba siendo hora. Hay muchos temas que me apasionan de la educación y uno de ellos es motivar a los alumnos en el cole. ¿Hay algo más bonito que propiciar que un niño vaya feliz a la escuela todos los días aun teniendo que levantarse a las 8-8:30 de la mañana? Yo creo que no.

Que vayan con ganas al cole es una de las cosas más maravillosas que puede existir, y si tú estás propiciando eso deberías sentirte la persona más afortunada y más orgullosa del mundo.


Pasa y te explico mi punto de vista.


En el cole, yo era la típica que ya sabía todos los contenidos del curso siguiente porque le pedía a mi madre los cuadernillo Santillana para el verano del curso que me tocaría empezar en septiembre. Me aburría mucho, volvía a dar lo mismo que ya sabía. Siempre estaba aburrida, así que me mandaban a hacer recados. Yo iba a secretaría a por copias para los profes, yo apuntaba en la pizarra quien se portaba mal, yo iba a otras clases para pedirle cosas a otro profe y un larguísimo etcétera.


No estaba motivada, es decir, yo iba al cole porque me encantaba aprender, me encantaba estar con mis compañeros, me encantaba el mundo del cole pero no aprendía nada y me aburría muchísimo en clase.

Es curioso la de veces que los profesores no son "capaces" -lo pongo entre comillas porque sí que lo son pero no se paran a pensarlo, estudiarlo y buscar soluciones- de motivar a su alumnado, de darle las herramientas que esos niños necesitan para mejorar, para avanzar, para aprender, etc.

Hacemos materiales, recursos y llevamos la clase para un grupo homogéneo cuando la clase no pude estar más diversificada y ser más heterogénea. Pero eso es lo fácil. Hago esto y lo reparto, que lo rellenen y pongo una nota. Esto está a la orden del día aunque muchísimos profesores están quitándose la venda de los ojos y están viendo con ojos nuevos lo que realmente sucede en el aula, están viendo por primera vez las capacidades de su alumnado, están viendo por primera vez los problemas que tienen y cómo pueden solucionarlo.

Sí, llevar adelante una clase con 30 niños no es nada fácil y más aún cuando se trata de niños de primer ciclo. Estás solo ante el peligro. Pero esto se debe en gran parte a que los colegios no están preparados para este cambio educativo que estamos propulsando, ni material, ni físicamente. Tampoco podemos echarle todas las culpas a esto, tú influyes en tu clase y puedes hacer en tu clase todas las actividades, talleres y proyectos que se te ocurran siempre adaptados a la edad del alumno y a los contenidos/objetivos que aparecen en la legislación (LEA, LOMCE).

Tenemos que ver qué motiva a esos alumnos, cómo podemos ayudarles, darles un empujoncito para que consigan aquello que quieran alcanzar.

Uno de los métodos que se me ocurren no tiene más misterio que conectar los contenidos que se tratan en el aula con la vida cotidiana de los alumnos. Que vean la utilidad, que sepan aplicar esos conocimientos a su vida diaria, que sepan trasponerlo a su entorno inmediato y que no los alejemos del mundo que les rodea.

Tampoco podemos olvidar sus gustos e inquietudes. Por ejemplo, a la niña a la que le doy clases de apoyo le encanta experimentar. Hacer cosas y descubrir qué ocurre. Recurre muchas veces a Youtube para ponerse a mezclar cosas y así obtener una recompensa, en este caso el resultado final. Pues teniendo en cuenta todo esto, yo, como maestra, buscaría la forma de introducir en el aula experimentos para que los niños vean con sus propios ojos aquellos contenidos que les intentamos transmitir y lo entiendan mucho mejor que si lo tienen que leer o tenemos que decírselo de forma completamente tradicional.

Otros niños solo buscan ser aceptados, valorados, que sepamos que están ahí, que podamos echarle una mano cuando nos necesiten. Pertenecemos al sector servicio y en este caso nuestros clientes son nuestros alumnos. Debemos implicarnos emocionalmente puesto que en muchas ocasiones nos necesitan. Es muy fácil mirar para otro lado y echar la pelota en el tejado de otro.

Aquí interviene la autoestima. Cuando un niño ve que no es capaz de conseguir aprobar, que fracasa continuamente y que no es valorado ni por la escuela ni por la familia (que muchas veces sobrevaloran las notas) va a aceptar esa "etiqueta" de que no vale para estudiar, que eso no es lo suyo. Y a otra cosa, mariposa.

Esto es lo que suele ocurrir en la gran mayoría de los fracasos escolares. No se sienten bien, ven que no sirven que acarrean muchísimas asignaturas y deciden dejar de estudiar porque "eso no es lo suyo".

A un niño no le motiva sentarse 4 horas delante de un libro/libreta para estudiar, ni tener que hacer 20 ejercicios que no tienen nada que ver con la vida de ese alumno, que no es cercano a él, que no le dice nada y que, por tanto, no aprende nada. No es un aprendizaje funcional. Es un aprendizaje vacío.

Hay multitud de talleres y proyectos que se pueden llevar a cabo en el aula. Solo tenemos que exprimir un poquito nuestro cerebro, ponernos en el lugar de nuestro alumnado y pensar: ¿Qué me gustaría haber hecho en el cole cuando era un niño?


Espero que os haya servido de algo lo que he intentado transmitir aquí. Tengo mucho que aprender. Tengo que enfrentarme a esas situaciones para ver cómo las manejo y si soy capaz de hacer todo aquello que propongo aquí. Pero es algo en lo que creo, es algo que siento y que está entre los principales propósitos de mi vida profesional. 

❝Los niños no son los ciudadanos del mañana, son los ciudadanos del presente.❞

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